En el artículo anterior planteamos una paradoja: el sistema institucional del Paisaje Cultural Cafetero lleva catorce años produciendo instrumentos técnicamente cada vez más sofisticados, y las amenazas que documenta siguen siendo las mismas. La explicación no está en la calidad de los instrumentos ni en la voluntad de los actores, sino en la arquitectura normativa dentro de la cual esos instrumentos operan. Para entender por qué, hay que mirar con precisión qué dice el Art. 10 de la Ley 388 de 1997.






