Por Carlos Garzón
En 1961, durante el juicio a Adolf Eichmann, el acusado insistió en que no era un fanático ni un sádico, sino un funcionario obediente dentro de una estructura estatal jerárquica. A partir de ese proceso, Hannah Arendt desarrolló la tesis de la banalidad del mal, según la cual el mal moderno puede surgir no de la perversidad radical sino de la incapacidad de pensar críticamente dentro de marcos institucionales normalizados¹.
Esta hipótesis encontró respaldo empírico en los experimentos de obediencia de Stanley Milgram², que mostraron cómo personas ordinarias podían infligir daño grave cuando una figura de autoridad legitimaba la acción. El hallazgo central no fue la existencia de individuos crueles, sino la facilidad con la que la responsabilidad moral podía desplazarse hacia la estructura.
La pregunta contemporánea es distinta y más inquietante:
¿qué ocurre cuando la autoridad ya no es una persona visible, sino una racionalidad sistémica?
Hegemonía: cuando la ideología se convierte en sentido común
Antonio Gramsci propuso que el poder se consolida cuando su visión del mundo se internaliza como “sentido común”³. La hegemonía no opera principalmente por coerción, sino por consenso cultural.
Hoy, el crecimiento económico se identifica con progreso; el mercado, con libertad; la expansión urbana, con desarrollo; la competitividad, con eficiencia.
Estas asociaciones no se presentan como ideológicas. Se presentan como realidad.
Yuval Noah Harari ha descrito este fenómeno en términos de realidades intersubjetivas⁴: sistemas simbólicos compartidos —dinero, Estado, mercado— que existen porque colectivamente creemos en ellos. El capitalismo contemporáneo no es solo un sistema económico; es una narrativa civilizatoria que organiza cooperación masiva.
Responsabilidad estructural y daño distribuido
La tradición moral clásica opera bajo un modelo de culpa individual. Sin embargo, Iris Marion Young propuso un modelo alternativo de responsabilidad estructural⁵: cuando el daño es producido por redes complejas de interacción —mercados globales, consumo masivo, planeación urbana, cadenas de suministro— la responsabilidad no desaparece; se redistribuye.
El deterioro ambiental contemporáneo no responde a un acto singular de maldad intencional. Es resultado de prácticas acumulativas coherentes con una racionalidad económica dominante.
No hay un ejecutor único.
Hay una estructura operativa.
Territorio como inscripción material de la hegemonía
David Harvey ha mostrado cómo la lógica de acumulación capitalista produce configuraciones espaciales específicas⁶. El espacio no es neutro; es una construcción política y económica.
La suburbanización extensiva, la fragmentación ecológica, la conversión del suelo rural en activo financiero y la presión sobre estructuras ecológicas principales no son anomalías. Son expresiones territoriales de una racionalidad hegemónica.
El paisaje, en este sentido, es un archivo moral.
Ética intergeneracional y límites planetarios
Hans Jonas advirtió que el poder tecnológico moderno exige una ética orientada al futuro⁷. La acción humana adquiere consecuencias potencialmente irreversibles.
Esta intuición filosófica ha sido reforzada por el marco científico de los límites planetarios desarrollado por Rockström y colaboradores⁸, que identifica umbrales biofísicos cuya transgresión compromete la estabilidad del sistema Tierra.
Sabemos que:
- El cambio climático avanza.
- La biodiversidad disminuye.
- Los ciclos biogeoquímicos se alteran.
- La presión sobre recursos aumenta.
El conocimiento existe.
La cuestión es si nuestra racionalidad dominante permite traducirlo en transformación estructural.
¿Seremos juzgados?
Las hegemonías históricas han sido cuestionadas retrospectivamente:
- La esclavitud fue legal.
- El colonialismo fue civilizador.
- El extractivismo fue progreso.
Si en el futuro se consolida una hegemonía ecológica fuerte, nuestro tiempo podría interpretarse no como criminalidad deliberada, sino como banalidad estructural.
No monstruos.
Sino normalidad acrítica.
Desobedecer hoy
Desobedecer hoy no significa rebelarse contra un líder visible.
Significa cuestionar:
- La equivalencia automática entre expansión y desarrollo.
- La absolutización del crecimiento.
- La subordinación del ordenamiento territorial a la valorización del suelo.
- La fragmentación de la responsabilidad ambiental.
Recuperar el juicio, como sugería Arendt, no implica destruir la estructura, sino pensar dentro de ella antes de que los límites biofísicos impongan su veredicto.
El experimento ya no está en un laboratorio.
Está en el territorio.
Notas al pie
- Arendt analiza la figura de Eichmann como ejemplo de pensamiento superficial y obediencia burocrática en: Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil.
- Milgram demuestra empíricamente la tendencia a obedecer bajo autoridad en: Milgram, S. (1974). Obedience to Authority: An Experimental View.
- Gramsci desarrolla el concepto de hegemonía cultural en sus Quaderni del carcere.
- Harari describe las realidades intersubjetivas como base de cooperación masiva en: Harari, Y. N. (2011). Sapiens: A Brief History of Humankind.
- Young distingue responsabilidad estructural de culpa individual en: Young, I. M. (2011). Responsibility for Justice.
- Harvey analiza la relación entre acumulación capitalista y producción espacial en: Harvey, D. (2003). The New Imperialism.
- Jonas formula el principio de responsabilidad orientado al futuro en: Jonas, H. (1979). Das Prinzip Verantwortung.
- Rockström et al. proponen el marco de límites planetarios en: Rockström, J., et al. (2009). A safe operating space for humanity. Nature.
Bibliografía
Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A report on the banality of evil. Viking Press.
Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks (Q. Hoare & G. N. Smith, Eds. & Trans.). International Publishers. (Trabajo original publicado entre 1929–1935)
Harari, Y. N. (2011). Sapiens: A brief history of humankind. Harper.
Harvey, D. (2003). The new imperialism. Oxford University Press.
Jonas, H. (1984). The imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age (H. Jonas, Trans.). University of Chicago Press. (Trabajo original publicado en 1979)
Milgram, S. (1974). Obedience to authority: An experimental view. Harper & Row.
Rockström, J., Steffen, W., Noone, K., Persson, Å., Chapin, F. S., Lambin, E., … Foley, J. (2009). A safe operating space for humanity. Nature, 461(7263), 472–475. https://doi.org/10.1038/461472a
Young, I. M. (2011). Responsibility for justice. Oxford University Press.


