LA VIOLENCIA DE LO INVISIBLE

Cada ciudadano tiene su propio relato, que se construye a la par del relato colectivo.

Existe un relato de lo visible y otro de lo invisible.  El primero se cuenta a diario en los noticieros; en las charlas de café; en el chisme del momento.  Es el que buscan reafirmar  los candidatos en contienda para obtener el favor del voto.

Pero si lo que vemos es importante, lo que no vemos podría serlo aún más.  Existe un relato escondido, a veces vergonzante: es el relato de lo invisible, y su ocultamiento (premeditado o no) encarna una forma de violencia de lo invisible.

La violencia de lo invisible se esconde en los que ignoramos.  En las aceras intransitables para los adultos mayores; las personas con movilidad reducida; las madres con coches de bebé.  En lo que está por fuera de la norma, pero también en “la norma por la norma”.

La violencia de lo invisible se oculta en la maximización de los beneficios individuales a costa de la dotación de bienes públicos.  En los barrios infraequipados;  las viviendas estandarizadas; los espacios precarios habitados;  en la tensión entre la ciudad de las clases y los estratos.

La violencia de lo invisible se oculta en los intereses particulares del poder; en la información falsa. 

La violencia de lo invisible se oculta en la presión sobre los hábitats de otras especies diferentes del hombre; en un anuncio publicitario interfiriendo con la belleza escénica de un paisaje. 

Como quien oculta el jarrón roto o feo, nos acostumbramos a no mirar ciertas cosas. Comprender un problema generalmente implica hacer visible lo invisible y ponerlo sobre la mesa para entender el contexto de sus causas y consecuencias. Requiere el esfuerzo de encontrar las conexiones y datos pertinentes, sacando a muchos de su zona de confort.

El relato vigente lucha por permanecer mediante la alimentación bioquímica y el estímulo instantáneo. Delegamos el control a cambio de una dosis de “felicidad” instantánea. En contraposición, está el relato del sentido, que es racional a la vez que espiritual; que se encuentra bajo múltiples capas y requiere conciencia, esfuerzo y voluntad.

Es por esto que hemos creado Loci Lab; un espacio de aprendizaje y experimentación que busca dotar de sentido colectivo, funcional, ético y estético a nuestros entornos urbanos y rurales. ¿Conoce una parte oculta de la ciudad que amerita hacerse visible? cuéntanos abajo en los comentarios o en el formulario: 

https://docs.google.com/forms/d/1Y9KKQRETfcslLnrUMSDLiYtmDE-mUjUbMcKABE8Tw1E/edit

 

Carlos Alberto Garzón Espinel

Arquitecto planiicador urbano

carlosgarzon.arq@gmail.com

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