Valores asociados a “lo ecológico”: la biocultura

Valores asociados a “lo ecológico”: la biocultura

Mercado Agroecológico de Armenia, Quindío, en la Corporación Autónoma Regional del Quindío

Los productos y servicios ecológicos conforman un segmento de mercado que en los últimos 10 años ha crecido significativamente y todo indica que seguirá en ascenso, especialmente en los países industrializados. “Lo ecológico” no hace referencia únicamente a una modalidad de consumo, sino de una “filosofía de vida” que está cada vez más extendida y arraigada en nuestras sociedades.

En los países industrializados, la motivación para desarrollar y fortalecer los mercados agroecológicos tiene que ver con la necesidad o el anhelo de “retorno a lo natural” en la atención de necesidades básicas como alimentación y salud. Consecuencia de vivir en un entorno altamente antropizado en el cual por lo general la distancia (física y temporal) entre el lugar de la producción y el lugar de la distribución se hace cada vez mayor.

El hecho de consumir un “producto agroecológico” nos transporta mentalmente a un encuentro con la naturaleza y con nuestras raíces –mientras lo compramos en una tienda ubicada en el barrio más “urbanita” del centro de Barcelona, España; o Alemania, u otro país europeo-.  El alejamiento de la naturaleza y del campo; la imposibilidad de ver y conocer dónde y cómo se cultiva, se procesa o se produce lo que comemos, nos genera una inevitable ansiedad por recuperar ese conocimiento, ese vínculo intangible entre hombre y naturaleza que antiguamente era tan simple y tan real, y que ahora a veces nos parece inexistente.

En Latinoamérica, y concretamente en el caso de Colombia, la alternativa de los productos ecológicos se asocia con el concepto del “mercado justo”. Representa la oportunidad de mayores ingresos para la economía campesina; la oportunidad de generar empleo para la población más vulnerable, y, por ende, la posibilidad de incursionar en mercados internacionales.

Entre un 80 y 90% de la producción ecológica en Colombia se destina al abastecimiento de mercados en el exterior. El desconocimiento local de los productos por falta de estrategias adecuadas de promoción; unos canales de distribución que no facilitan la llegada de estos productos hasta el consumidor y la inexistencia de un marco legal específico y económicamente asumible por los pequeños productores (campesinos minifundistas), hacen que en Colombia el consumo interno de productos agroecológicos de primera necesidad sea todavía muy incipiente.

El hecho de consumir un “producto agroecológico” nos transporta mentalmente a un encuentro con la naturaleza y con nuestras raíces –mientras lo compramos en una tienda ubicada en el barrio más “urbanita” del centro de Barcelona, España; o Alemania, u otro país europeo-.  El alejamiento de la naturaleza y del campo; la imposibilidad de ver y conocer dónde y cómo se cultiva, se procesa o se produce lo que comemos, nos genera una inevitable ansiedad por recuperar ese conocimiento, ese vínculo intangible entre hombre y naturaleza que antiguamente era tan simple y tan real, y que ahora a veces nos parece inexistente.

En Latinoamérica, y concretamente en el caso de Colombia, la alternativa de los productos ecológicos se asocia con el concepto del “mercado justo”. Representa la oportunidad de mayores ingresos para la economía campesina; la oportunidad de generar empleo para la población más vulnerable, y, por ende, la posibilidad de incursionar en mercados internacionales.

Entre un 80 y 90% de la producción ecológica en Colombia se destina al abastecimiento de mercados en el exterior. El desconocimiento local de los productos por falta de estrategias adecuadas de promoción; unos canales de distribución que no facilitan la llegada de estos productos hasta el consumidor y la inexistencia de un marco legal específico y económicamente asumible por los pequeños productores (campesinos minifundistas), hacen que en Colombia el consumo interno de productos agroecológicos de primera necesidad sea todavía muy incipiente.

Para conocer y visitar…

En Armenia, Quindío, hay un mercado agroecológico que tiene lugar los primeros sábados de cada mes, en el SENA Galán.  De 8 a 10 de la mañana podrás conocer algunos productos elaborados con ingredientes 100% naturales… desde artículos de limpieza hasta panes de naranja y dulces de sábila y fruta.  Vale la pena acercarse; oler; probar y tocar.

Recomendados: pan de naranja, chocolate y coco; pan de naranja; miel de abejas…

Valeria Barbero

Valeria Barbero, Arquitecta y Master en Proyectación Urbanística y Territorial por la UPC (Barcelona-España). He desarrollado mi proyecto de investigación y experiencia profesional en temas vinculados al desarrollo urbano y rural, ordenamiento territorial, la planificación y catalogación del paisaje.

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