El pecado del turismo de masas

Semana Santa en el sector el Sifón en la vía a Murillo 
(Parque Nacional de los Nevados - Colombia). Foto: Gonzalo Duque

El turismo, en su esencia, es una actividad que permite a las personas explorar, aprender y apreciar la diversidad del mundo. Sin embargo, el turismo de masas, una forma de turismo que atrae a grandes cantidades de visitantes a un lugar específico, ha comenzado a plantear serias preocupaciones.

El turismo de masas se ha popularizado debido a la facilidad de viajar y la creciente globalización. Los destinos turísticos populares atraen a millones de visitantes cada año, impulsados por la promesa de experiencias únicas y la oportunidad de sumergirse en nuevas culturas.

Sin embargo, el turismo de masas tiene un precio. Los destinos turísticos a menudo sufren de sobrepoblación y saturación, lo que puede llevar a la degradación del medio ambiente y la pérdida de la identidad cultural local. Los monumentos históricos se desgastan y las comunidades locales pueden verse desplazadas, mientras que los recursos naturales se agotan o degradan, incluido el paisaje, contemplado en el Decreto Ley 2811 de 1974, parte V de los recursos del paisaje. ¿Cabría preguntarse si los municipios implementan este Decreto Ley? 

Además, el turismo de masas puede llevar a la “turistificación”, es decir, que el destino se conciba para el turista más que para los residentes locales. Las tradiciones y costumbres pueden ser modificadas para acomodar a los turistas, lo que puede resultar en la pérdida de la autenticidad cultural.

Es crucial que nos movamos hacia un modelo de turismo más sostenible y regenerativo. Esto implica promover el turismo responsable que tenga en cuenta el impacto ambiental, social y económico. Los turistas deben ser conscientes de su impacto y hacer esfuerzos para minimizarlo, pero también hay que ofrecer esa posibilidad regenerativa del destino como parte de los productos turísticos, como algo real no como un simple “lavado de cara verde”.

Además, las políticas de turismo deben centrarse en proteger y preservar los destinos turísticos, así como en cuidar que las intervenciones se integren de manera respetuosa y consciente en el paisaje, ya sea este urbano o rural. Esto puede implicar limitar el número de visitantes, promover el turismo fuera de temporada, fomentar el respeto por las culturas locales y exigir estudios de impacto e integración en el paisaje a las intervenciones o actividades que se desarrollan en el territorio.

Si la belleza del paisaje es el activo principal que atrae turistas, se debe vigilar que éste no se deprecie, y que por el contrario, se contribuya a su valoración, preservación, restauración o regeneración de sus atributos. De hecho, tendría que ser de obligatorio cumplimiento que se realicen estudios para evaluar el valor económico del paisaje en diferentes ámbitos territoriales, considerando su contribución al turismo, la agricultura, la salud, la sostenibilidad, la mitigación y adaptación al cambio climático y la calidad de vida, entre otros factores.

El turismo de masas tiene un costo significativo y aún no se hace un balance de los costos y beneficios dentro de los informes que presentan luego de cada temporada, y existe poca voluntad para definir y monitorear los límites. Es nuestro deber como viajeros y como sociedad reconocer este “pecado territorial” y trabajar hacia un turismo más sostenible, regenerativo y respetuoso. Solo entonces podremos continuar disfrutando de la belleza y diversidad de nuestro mundo sin sacrificar su integridad y autenticidad. 

Carlos Garzón E.

Laboratorio Ciudad, Territorio, Paisaje

locilab.org

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