Sueños, paisajes, personas

 

«La cima» (2020) collage digital. Autor: Valeria Barbero.

Hoy tuve un sueño que me inspiró a escribir acerca de las personas que se cruzan en nuestra vida, y de cómo estos encuentros inciden en el rumbo de nuestros proyectos de futuro.  Por lo general no pensamos en ello, pero si miramos hacia atrás, siempre hay un «alguien», familiar o desconocido, que de una u otra manera orientó nuestros pasos. 

El sueño

Despierto y a través de la ventana veo un hermoso amanecer.  Una casita antigua y lejana rodeada de árboles se recorta contra un cielo teñido de naranja y morado.  Aunque la bruma del sueño me envuelve, me obligo a levantarme.

Bajo una escalera a trompicones y salgo al exterior.  Me rodean unas construcciones blancas; prismas rectangulares que dividen el espacio en “calles”.  Camino entre los bloques y los dejo atrás porque quiero llegar al hermoso paisaje que ví desde mi ventana.  Aparecen otros elementos (vegetación, más construcciones) y me cuesta ubicarme para encontrar el rumbo.

De la nada aparece una mujer (rubia y algo mayor). Me habla en otro idioma, pero le entiendo.  Me explica dónde estamos, y masculla algo acerca de la historia del lugar.

La información que me da me hace encontrarle nuevos significados al paisaje.  Agradezco su información y regreso a mi punto de partida, pensando en que, en lugar de seguir y correr el riesgo de perderme sin llegar a mi objetivo, prefiero programar una expedición al lugar.

Ya de regreso le cuento mi experiencia a mi compañero… y entonces despierto.

Despertar

Siempre presto mucha atención a las señales del mundo onírico.  Analizo mis sueños y trato de interpretar cómo esas vivencias o relatos pueden tener alguna conexión con mi realidad.

Esto es lo que pienso:  nuestra vida consiste en mirar hacia el futuro y trazarnos un rumbo, yendo siempre hacia aquello que nos atrae; que contiene una promesa de bienestar, y/o que nos conecta con algún recuerdo emotivo (ahora me doy cuenta que la casa de mis sueños se parecía a la casa ancestral de mi abuelo en el Piemonte italiano, que pude conocer hace algunos años).

Cuando queremos avanzar hacia ese lugar anhelado, encontramos obstáculos, paisajes anodinos, y corremos el riesgo de perdernos.  El contacto con otras personas que se cruzan en nuestro trayecto puede ser enriquecedor. y en todo caso, hace que miremos nuestros objetivos desde una nueva luz.

Mirando retrospectamente, esos encuentros humanos se convierten en hitos memorables en el entramado del relato que nos motiva y nos incita a llegar a nuestro destino.

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